Soledad

El ser humano se encuentra cada vez más solo entre aparatos automáticos que son su compañía habitual en las calles, en las oficinas, en los aparcamientos, en las cafeterías… Máquinas que no despegan los labios más que para sacarnos la lengua de un tique o tragarse el nuestro, que levantan sus brazos articulados para darnos paso, que nos ofrecen café, chocolate o un bocadillo de tortilla envuelto en celofán y que incluso nos devuelven el cambio de nuestro dinero. Estamos solos en esta tierra, que es el menos fijo de los domicilios, y no queremos oír otra voz que la nuestra en respuesta a las preguntas que el corazón nos plantea. 

Comentarios