16 de marzo de 2017

No me invites

Por favor, no me invites a participar en más cadenas. Me da igual que la cadena sirva para salvar de la extinción a las polillas o para denunciar la situación que viven los tibetanos. No voy a participar en ninguna tontería.

Cada día recibo al menos una invitación para que reenvíe un mensaje diez veces, para que ponga un lazo en mi perfil, para que los ángeles me sonrían o para que los niños etíopes coman. Ya me he cansado. Te lo digo así, de forma correcta y educada: no me involucres en más historias. Cuando yo lo estime conveniente, defenderé la causa que mejor me parezca, pero lo haré por convicción y porque mi apoyo será eficaz y efectivo. Que yo me vista de negro no va a salvar a ninguna mujer del maltratador que la amenaza. Que ponga un osito de peluche en mi perfil no conseguirá un plato caliente para nadie. Así que no me hagas perder el tiempo. Te aconsejaría que tampoco lo pierdas tú. Pero cada uno es dueño del suyo y puede hacer con él lo que le plazca, desde perderlo hasta aprovecharlo.

El mundo no necesita cadenas solidarias, necesita gente comprometida, dispuesta a actuar, a actuar de verdad, a irse a montar una escuela en Ruanda o un hospital de campaña en Siria, a donar alimentos y ropa a quienes malviven en España, a escuchar y tender una mano amiga a quien está solo, enfermo, marginado…

Se me ocurren tantas cosas por hacer mejor que montar una cadena…

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