27 de febrero de 2017

Tiara

El pasado miércoles, la reina Letizia se encasquetó su tiara Flor de Lis, un símbolo de su estatus, de su importancia. Diamantes, platino. Piedras y metal para hacer patente su superioridad, porque una tiara o una corona no es otra cosa que un distintivo de clase, algo que solo puede lucir la realeza.

La tiara Flor de Lis es la más importante del joyero real español. Un símbolo borbónico, que ya lució la reina Victoria Eugenia en su boda o la madre del rey emérito Juan Carlos I para asistir a la coronación de Isabel II de Inglaterra. La reina Sofía se la puso por última vez en la cena que despedía el reinado de su marido.

La excusa de la reina Letizia para plantarse la tiara era la visita del presidente argentino, los fastos de una gran cena de gala que finiquitan la crisis y la austeridad. Porque ahora España va viento en popa, hemos echado el mal pelo y nos lo podemos permitir.

Dicen las malas lenguas que Letizia pretendía eclipsar a Juliana Awada, la esposa de Mauricio Macri. Otros dan una lectura distinta al mensaje: la monarquía salió bien parada el martes, pese a los intentos del cuñado.

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