17 de febrero de 2017

Pecado mortal

Hasta que san Agustín proclamó lo contrario, matarse era un acto de grandeza, propio de los espíritus más elevados. Quizás Séneca haya sido uno de los más ilustres suicidas. Su muerte estuvo rodeada de un aura de magnificencia que ayudó a encumbrar todavía más su figura.

San Agustín compartió su vida con una mujer durante catorce años y tuvo un hijo con ella antes de ver la Luz y convertirse en un misógino de cuidado. Sus ansias de virtud le llevaron a proclamar que el suicidio era pecado mortal, algo redundante, me parece a mí. La violación del sexto mandamiento contravenía la voluntad de Dios, que mandaba sufrir, porque para eso se transita por este valle de lágrimas. Este padre de la Iglesia Católica amenazó con el infierno a quien decidiera en qué momento debía terminar su vida. 

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