Los algoritmos rigen nuestra vida

Los algoritmos, eso que la RAE describe como: conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema, sirven para realizar compras y búsquedas en línea. Los algoritmos abarcan un espectro cada vez más amplio de nuestra vida cotidiana y lo hacen sin que apenas nos demos cuenta de ello. Poco a poco se van haciendo imprescindibles, son mejores y más potentes. Google es el primer motor de búsqueda gracias a un algoritmo que se modifica constantemente para ofrecer los mejores resultados al internauta. Facebook cruza los datos de los usuarios para crear extensas redes de amigos.

Los algoritmos usan datos para redactar artículos, detectan el cáncer, estudian conductas sociales, localizan lugares… Pero también tienen un lado oscuro. En 2010, escuelas públicas de Washington despidieron a más de 200 profesores en función de una evaluación realizada por un algoritmo y sin tener en cuenta ninguna otra consideración. Algunos recursos sociales se distribuyen en función de criterios elaborados a partir de fórmulas matemáticas. Ciertos bancos utilizan los algoritmos para conceder créditos, las compañías aseguradoras empiezan a asignar pólizas basadas en estos criterios.

Las decisiones tomadas de forma automática en base a datos recopilados sobre las personas pueden no ser justas ni equitativas desde una perspectiva moral. Las leyes deberían impedir que un ciudadano sea perjudicado por una decisión tomada a partir de un algoritmo y proteger a los consumidores, que en la mayoría de los casos ignoran el uso que se hace con la información que sobre nosotros se recaba constantemente.

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