En la mente del verdugo

Miembros del 101º Batallón celebrando la Navidad de 1940
Qué había en la cabeza de Hitler y sus acólitos nazis para ser capaces de perpetrar el horror de un holocausto.

Hacia 1942, el batallón 101 de Hamburgo, fue transformado en policía militar y enviado a Polonia. Sus órdenes eran acudir a un pueblo judío de Polonia, llevar a sus mil quinientos habitantes al bosque y matarlos a todos. Los quinientos miembros de ese batallón eran hombres de mediana edad, trabajadores, gente corriente que, por cuestiones de edad, eran considerados mayores para servir en el Ejército, por eso se les encomendó labores de policía. No fueron adoctrinados en el nazismo ni recibieron una preparación específica para desarrollar aquella tarea. El jefe de la división advierte a estos hombres que por ser una misión dura de cumplir, si alguien tiene escrúpulos de conciencia, no participe en ella, pues no habrá represalias. Excepto doce miembros del batallón, el resto, cuatrocientos ochenta y tantos hombres, acepta participar en la masacre.

Este caso se analiza en dos obras: Aquellos hombres grises, de Christopher Browning, y Los asesinos voluntarios de Hitler, de Daniel Goldhagen. Browning llega a la conclusión de que aquellos hombres cedieron a la presión de grupo, temiendo que su negativa podía acarrear el escarnio de sus compañeros, ser considerado un cobarde. Por el contrario, Goldhagen apunta al antisemitismo arraigado en la identidad alemana desde la Edad Media como la causa que hizo que aquellos hombres se convirtieran en crueles asesinos. Creían que Alemania estaba en peligro y temían que la cultura alemana desapareciese, por eso surgió el proyecto de construir un hombre nuevo y más fuerte, que eliminase todas las vidas sin valor para devolverle la fortaleza al país.

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