30 de enero de 2017

La La Land

Había otras opciones interesantes en la cartelera, un par de películas más que me apetecía ver, pero al final me decanté por La La Land.

Dicen que es un musical de jazz, un homenaje al Hollywood del tecnicolor, a esos amores que se vivían bailando, como los de Fred y Ginger. A mí, durante la primera media hora, me pareció superficial, llegué a pensar que me había equivocado en la elección. Pero luego, poco a poco, La La Land me fue atrapando porque habla de los sueños, de ese motor que nos impulsa a todos y que nos hace sentir vivos.

Mia, aspirante a actriz y cansada de tanta audición fallida. Sebastian, pianista, amante del jazz y deseoso de mantener intacta su esencia. Ambos nos muestran la dureza de la vida del artista. Emma Stone y Ryan Gosling representan a dos soñadores, dos vidas unidas y separadas por el sueño de triunfar en el mundo del espectáculo.

Cinco notas con ritmo de jazz son el hilo seductor que une la trama. La interpretación, el maquillaje, el  vestuario, las coreografías, la escenografía… consiguen una película bella, con una emotiva secuencia final.

De La La Land me gusta que, aunque se trata de un musical romántico, no pone el amor por encima de todo. Y valoro de forma muy positiva que la mujer no renuncie a sus proyectos y se quede en segundo plano apoyando a su pareja. Salir del cine pletórico de positivismo es un logro que hay que reconocerle.

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