6 de enero de 2017

Donde habita el miedo

Vivo en un lugar donde habita el miedo, todavía, y después de muchos años, nos tememos. Quizá por eso nunca tengamos una convivencia pacífica en este país de fiesta y siesta, donde la corrupción queda impune, los abusos se aceptan con sometimiento, la concordia obliga a comulgar con ruedas de molino y dialogar significa que yo hablo y tú te callas, asientes y aplaudes o atente a las consecuencias.

Lo peor es que ya es tarde. Nos hemos acostumbrado a la trinchera, a disparar con posta lobera, a cavar fosas con entusiasmo porque los enemigos son muchos. La tribu y el bando son señas de nuestra identidad cainita. Nada nos une, salvo la presencia del odio.

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