23 de noviembre de 2016

Presente

Sonrió por dentro al sentir el calor de la taza de té caliente. La lluvia repiqueteaba en la ventana y la sombra del atardecer llegaba lentamente mientras cambiaba los canales del televisor en busca de una película que entretuviera su aburrimiento. Tal vez fuera eso lo que acortaba sus días y alargaba sus noches, lo que impedía sus sueños, lo recurrente… Eso era tanto como definir su vida.

Fue consciente de que ni el pasado ni el futuro existen, solo está el presente efímero, ese tiempo de transición entre lo conocido y lo ignorado. Una chispa luminosa que dura un segundo: el ahora que hilvana la vida es lo único que tenía.

Sonrió de nuevo, esta vez sus labios dibujaron una sonrisa y sus manos captaron la tibieza de la taza vacía. Pensó en lo venidero, lo incierto, el futuro, y trató de encontrar un culpable para su tedio. Llenó la bañera y ahogó en ella sus pensamientos para dar potestad a las sensaciones: el aroma del gel, la luz de las velas, la calidez del agua, la suave cadencia musical… ¿Qué importaba nada?, se dijo. La vida era ese instante, una experiencia grata. Y decidió que ese momento sería el primer recuerdo de su nueva vida, una vida hecha de presentes.