7 de octubre de 2016

Reflexiones

No soy una analista especializada en asuntos políticos, pero tengo criterio propio, soy buena observadora y mi mente es analítica. ¿Por qué digo esto? Pues porque desde que a Pedro Sánchez lo dimitieron sus camaradas de partido y cayeron sobre los españoles cascadas de información sobre las posibles consecuencias que acarrearía la debacle en el PSOE, me pregunto si es tan grave que el PSOE desaparezca. Ya existe un partido de centro derecha. ¿Necesitamos dos?

Cuando tras la tempestad llegue la calma, la ilusión por el cambio se esfume y volvamos al bipartidismo gracias a la abstención del PSOE, los socialistas nos dirán que unas terceras elecciones no eran buenas para España (entiéndase para ellos) y que las circunstancias les obligan a tomar medidas impopulares y contrarias a su ideario. No es una traición a sus votantes, nada de eso, es una mera cuestión de responsabilidad política, de altura de miras, de sentido de estado.

Justo después de la investidura de Mariano Rajoy como presidente, el PSOE firmará su certificado de defunción. Los obreros podrán agradecerle al partido algún avance social y recordarán con vergüenza ajena mentiras, puñaladas traperas, traiciones. Luego la vida seguirá su curso, porque el PSOE no es imprescindible en nuestra sociedad. Como tampoco lo es el PP.