28 de octubre de 2016

Mucho cambio histórico, pero pocas nueces

Admito que esperaba la sesión de investidura para ver actuar a Podemos y a Pablo Iglesias como líder de la oposición. Vi el show de Iglesias.

Pablo Iglesias me parece un hombre culto, inteligente, con gran habilidad para la retórica, su discurso adopta numerosos registros: es enérgico, conmueve, transmite confianza y energía. Además, juega con la ventaja de que el PSOE está kaputt. Con estas premisas, tenía todos los números para triunfar en el hemiciclo. Sin embargo, me defraudó. Se recordarán más las alusiones feas que el fondo de su discurso. Mandar callar a los demás en un parlamento democrático no queda bien (cuando se pronuncie la palabra delincuente en esta Cámara, ustedes se callan). Parece algo más propio de un dictador que de un demócrata.

Mariano Rajoy es un hombre curtido en política, lleva media vida pasando por diferentes poltronas y la experiencia es un grado que le permitió torear a Pablo Iglesias. Dicen que Mariano le envió un mensaje a su portavoz, Hernando: Cuando salgas, machácale. Y Hernando, le machacó encantado porque es lo que le gusta hacer.

Se acusó a Iglesias de no haber aportado ideas. Un discurso malempleado en hablar de sí mismo, de Podemos, y no de la gente, de los españoles que esperamos algo más de nuestros dirigentes políticos. Mucho cambio histórico, pero pocas nueces.

Necesitamos un cambio progresista y con discursos semejantes se da alas al bipartidismo. Pablo Iglesias gritó la indignación con palabras gruesas. Pero faltó ilusión, un mensaje de esperanza que borrase la impotencia. Pablo Iglesias tuvo un sueño que muchos compartieron, pero hace falta un proyecto claro para materializarlo. Sin un proyecto, ese sueño se desvanece.