29 de julio de 2016

El milagro económico español

La reforma laboral de Rajoy de 2012 ha conseguido, entre otros “logros”, que el número de trabajadores cubiertos por convenio se haya reducido vergonzosamente hasta un 50 %. El resultado es el que se esperaba al plantear la reforma: los salarios se han desplomado y las condiciones laborales las impone el empleador a su antojo. El trabajador es un elemento productivo, una mercancía sujeta a la ley de la oferta y la demanda.

Ya no hay negociación colectiva, el SMI no se actualiza, en las estadísticas del Gobierno hay millones de trabajadores que aparecen como ocupados y lo están a tiempo parcial o temporal de forma involuntaria. No hablemos ya de esos trabajadores contratados por horas o por minutos y que ansían una jornada a tiempo completo para poder llenar el plato cada día.

El retroceso desde que empezó la crisis en España ha sido brutal: de 2,4 millones de empleos a media jornada a 2,8 millones. Pese a todo, con el miedo al desempleo, el trabajador no se queja y traga.

Según la OCDE, los trabajadores españoles a tiempo parcial, que lo son de forma involuntaria, es de un 63,45 %.  La normativa laboral y las inspecciones de trabajo favorecen el subempleo y lo gracioso es que presumimos de crecer más que nadie, pero tenemos el empleo más precario de toda la UE.

Como es habitual, la situación de las mujeres es aún peor, la ratio de subempleo es del 15,3 % para ellas, mientras que en el caso de los hombres es del 5 %.

Este nuevo mercado laboral: con bajos salarios, discrecionalidad de la empresa para modificar la jornada, el sueldo o lo que más convenga, las horas extras sin retribución y la ausencia de representación sindical, tiene pinta de ir para largo. No parece que haya voluntad política para mejorar nada. Al contrario.