21 de junio de 2016

Olvídame, Mariano

Me pongo en tu lugar e imagino el cansancio de las elecciones, las campañas, los partidos y también de nosotros, los políticos, me dice Mariano Rajoy en la carta que me ha enviado. Pero Mariano no tiene ni idea de lo pesada, aburrida y asqueante que me resulta esta nueva campaña electoral cuando aún no había terminado de digerir la anterior. Una tiene una edad y algo de mundo visto, Mariano, y es difícil que alguien me la pegue. Ves tu puesto de trabajo en peligro y quieres que mi voto te ayude a conservarlo.

Pretendes convencerme porque no votar no es decir que estás en desacuerdo. Es no decir nada. Y que suceda lo que decidan los otros. Bueno, es tu punto de vista. No votar puede tener otro significado. No votar es estar más que harta de que se rían de mí, de que me mientan, de que me chupen la sangre.

No quiero cartas, Mariano. Ahórrate el papel y el sobre e invierte esa pasta que has gastado en publicitar tus ¿bondades? en algo más útil. Se me ocurren cientos de mejores destinos para el dinero de todos. Ni siquiera he tenido estómago para tragarme el debate, así que ya vale. Al final tendréis que pactar, no os quedará otra que poneros la sonrisa en la cara y presumir de consenso por el bien de España y de sus sufridos hijos e hijas.

Olvídame, Mariano. Déjame en paz. Forma Gobierno si puedes o deja que lo hagan otros. Pero no me tomes el pelo. Piensa en si a tu alrededor, en tu familia, tu ciudad, tu pueblo, tu empresa... hay hoy más o menos empleo o perspectiva de empleo que hace 4 años. ¡Eso! Eso que estás pensando ahora mismo, es la verdad. Tu verdad. Aquí te doy la razón, Mariano. Y mi verdad no coincide con la tuya ni de lejos.

En estas elecciones se decidirá, precisamente, si seguimos avanzando o volvemos atrás. De nosotros depende. Pues sí depende de mí…