31 de mayo de 2016

No todo es glamur

El próximo mes, ocho de las agencias de moda más prestigiosas del mundo Elite, Click, Next Management, Whilemia Models, Whilemia Models International, Major Model Managment, MC2 y MC2 Model and Talent Miami serán juzgadas en Estados Unidos. Se enfrentan a las reiteradas denuncias que han presentado modelos que trabajaron para estas empresas.

Este escándalo, que seguramente será uno de los juicios más mediáticos, se destapó con la denuncia de la modelo Lousia Raske. Cuando tenía 15 años, vio su imagen en un envase de tinte de una conocida marca de cosmética. Ella no había dado su autorización ni había cobrado por ello. Al contactar con los responsables, se admitió el error, pero respondieron que no pensaban abonarle ninguna indemnización. Raske se puso en contacto con otras chicas para saber si habían sufrido el mismo problema y gracias a estas entrevistas empezó a recopilar testimonios escalofriantes. Estas declaraciones componen un abultado expediente que ha desembocado en el pleito contra las agencias de modelos. Los testimonios tocan varios asuntos delicados, desde explotación sexual, laboral e intervenciones quirúrgicas forzadas para que las mujeres redujeran masa muscular, hasta consumo forzado de drogas.

Otra denunciante es la modelo Rachel Blais, quien ha confesado que cuando tenía 19 años fue obligada a hacer ejercicio y a someterse a una liposucción porque en su agencia consideraban que estaba demasiado gorda, tenía una talla 36. La modelo también declaró otras presiones por parte de las agencias internacionales que reclutan a chicas muy jóvenes. Exigen operaciones de cirugía estética para que se ajusten a un determinado canon de belleza. El importe de las intervenciones se adelanta por las agencias, pero luego exigen a las chicas que devuelvan el importe de la intervención. De no poder hacerlo, se las obliga a mantener relaciones sexuales con propietarios de las agencias y hasta con sus compañeros de trabajo.

Las modelos denunciantes aseguran que existen más víctimas. A todas se les promete el éxito, la fama y mucho dinero a cambio de vender sus cuerpos y su dignidad. No todas aceptan y, de las que lo hacen, no todas se deciden a denunciarlo.