21 de abril de 2016

Imagen

Las marcas seducen, forman tribus, obligan a seguir una moda y ofrecen una imagen. Quien compra un objeto de marca cree que él mismo es la imagen de la marca que ha comprado. Algo que, obviamente, es una ilusión, pues se trata de una imagen prestada y efímera, no olvidemos que cambia en poco tiempo. Nunca es una imagen propia.

Las grandes ciudades están llenas de las mismas tiendas de marca: bebidas, alimentos, ropa, diversiones, pero también sentimientos y sueños parecen ser propiedad de marcas. Quieren ser modelos de un modo de ser y de una vida soñada. Al comprarlas, se está adquiriendo un espejismo, una imagen de prestado, que ofrece, eso sí, la ilusión de ser una imagen auténtica, pero cuando la ilusión se rompe, la imagen se hace añicos.

La industria creada en torno a la imagen es una muestra del inmenso valor que esta posee. Pero de lo que se trata es de cultivar una imagen que sea propia, nuestra. Cada uno puede esforzarse en construir su mundo de imágenes personal e íntimo, representar la auténtica imagen de lo que es. O puede comprar la imagen prefabricada que le vendan y reproducir lo que otros han creado.