8 de abril de 2016

Dónde termina la libertad de conciencia

«Me niego a repartir esa propaganda, porque es degradante para la mujer y atenta contra mi conciencia». Esta fue la respuesta que el cartero Eduardo San Juan le dio a su jefe cuando le ordenaron repartir unos prospectos contra el aborto de la organización Derecho a vivir. Según informa la responsable en Correos del sindicato CGT, Ascensión Sánchez, «el folleto convertía al destinatario en responsable de la muerte de 300 niños al día, si no se comprometía en la lucha contra la actual ley del aborto». La empresa sancionó al cartero abriéndole un expediente «por falta grave o muy grave», que está tramitándose en estos momentos. Le puede suponer un castigo que oscila entre la suspensión de empleo y sueldo por dos meses y el despido.

Por seguir los dictados de su conciencia, el farmacéutico sevillano Joaquín Herrera Dávila fue sancionado en 2008 por el Colegio de Farmacéuticos de su provincia con una multa de 3.300 euros. Herrera se negó a vender píldoras del día después, argumentando que se trata de un producto abortivo. El Tribunal Constitucional admitió a trámite su recurso.
Recientemente el tribunal constitucional de Alemania se ha pronunciado sobre el caso de unos padres musulmanes que se oponen a que su hija adolescente practique natación delante de sus compañeros de colegio. Las clases de natación están incluidas en la asignatura de gimnasia. El tribunal germano sentenció que la chica debe cumplir todas sus obligaciones escolares, entre ellas la natación. El fallo sienta jurisprudencia y permite a la joven usar un bañador que cubre todo el cuerpo y que popularmente se conoce como burkini.

¿Dónde se encuentran los límites de la conciencia individual? La libertad de conciencia se invoca ante los tribunales en diversos casos: testigos de Jehová que se niegan a que sus hijos reciban una transfusión de sangre que puede salvarles la vida, jueces que se niegan a oficiar matrimonios de personas homosexuales… ¿Se pude invocar a la objeción de conciencia en cualquier situación?


Porque si eres funcionario estás obligado a cumplir la ley, y un juez no puede negarse a oficiar bodas gais, pero un farmacéutico que regenta su negocio quizá no deba ser obligado a vender píldoras postcoitales. A las peculiaridades que conciernen a cada caso, hay que sumar la divergencia de criterios entre distintos tribunales. Por ejemplo, Francia ha prohibido la exhibición de símbolos religiosos en las aulas. Sin embargo, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo negó en una sentencia que la presencia de una cruz en las aulas públicas italianas constituyera «una violación de la libertad religiosa de los alumnos».