15 de marzo de 2016

Individualismos

Hay un individualismo perverso que es sinónimo de egoísmo y falta de interés por los demás. La persona individualista vive encerrada en sí misma y en sus problemas inmediatos, despreocupada por cuanto acontece más allá de su frontera. Hay otro individualismo aceptable y ético, el de quien ejerce su autonomía con corrección y dignidad, apartándose de los modos de existencia injustos y pretendiendo una sociedad más humana.


Las insuficiencias de las que adolece nuestra sociedad provocan la desconexión entre lo privado y lo público. No es que nos falten ideales, es que estos suelen ser incompatibles con los poderosos intereses fácticos.