19 de febrero de 2016

Quién ha apagado la luz

A la vista de los acontecimientos y con las informaciones que tenemos: malas artes empresariales, fraudes al consumidor, ineficacia policial, fallos en la gestión de los servicios públicos, brotes de populismo de ultraderecha, racismo en auge, problemas financieros, solvencia dudosa, estafas, delitos… Vamos descubriendo con sorpresa que Alemania no es lo que pensábamos, ni mucho menos.

Wolfgang Schauble, el ministro económico, ha propiciado que desde Bruselas se pusieran en marcha unas políticas de ajuste y recortes en el resto de Europa. El lamentable resultado de estas medidas ha sido el empobrecimiento de los ciudadanos, la ruptura de la unión, el deterioro de la credibilidad en las instituciones y la fractura social.

Tanto sufrimiento humano ¿para qué? Para beneficiar a la élite financiera, a la alemana especialmente, que le ha endilgado su deuda privada a los ciudadanos. Tanto mimar a los bancos, tanto esfuerzo para reflotarlos y resulta que el Deustche Bank puede estar herido de muerte. Quizá por eso Alemania tenía ese empeño en impedir la existencia de una institución supranacional que le echase el ojo a sus cuentas.

¿Se habrá apagado esa débil luz que se intuía al final del túnel?

La deuda alemana mina la liquidez al resto y las primas de riesgo se disparan en la periferia europea. La enfermedad se contagia, y la economía europea está devastada, no podría rescatar a los financieros alemanes y tampoco a esos altivos ciudadanos que no han abierto la boca mientras se les robaba la dignidad a otros pueblos.