1 de febrero de 2016

Impaciente espero

Se supone que durante estas semanas los partidos deberían estar enfrascados en formar un Gobierno. Pero hasta ahora solo hemos visto machadas, juegos de seducción, dentelladas en la yugular del contrario, líneas rojas, ahora contigo, ahora sin ti… Un marear la perdiz que ya escama. Y esta es la nueva política. Ha transcurrido más de un mes y nadie dirige el país.

La principal pega a la hora de formar un Gobierno viable es que ningún partido ensayará nada que le perjudique, por si acaso hay que repetir las elecciones. Todos estos juegos malabares tienen la finalidad de colocarse en una posición de ventaja frente al adversario.

Ni Rajoy ni Sánchez pueden ganar la investidura, se necesitan, pero después de todo lo que se han dicho, nadie entendería que gobernaran de la mano. Así que Rajoy ha decidido que, si él muere en esta lid, se llevará por delante a Sánchez. Porque me huelo que Rajoy se sabe acabado, pero no está el PP para plantearse una sucesión semejante.

Sánchez se juega la cabeza, en su partido le tienen ganas, y cualquier decisión que tome le resulta inconveniente. De ser candidato nominado por el Rey, se convertiría en intocable para los suyos. No le queda otra que ofrecer un Gobierno plural de izquierdas.

Los socialistas están pillados. No quieren ni pensar en un pacto PP-Ciudadanos y tampoco les seduce Pablo Iglesias. En Podemos son listos, conocen la difícil situación de sus rivales y quieren sacar tajada, azuzan a los del PSOE para que se maten entre ellos, pero necesitan a Sánchez.

Entretanto, Ciudadanos cruza los dedos, ganan con solo impedir que haya nuevas elecciones. El premio gordo sería que, tal y como están las cosas, acaben en la Moncloa.


Impaciente espero el desenlace de este tedioso culebrón.