25 de febrero de 2016

Destripando mentiras

Amadeus, la obra teatral de Peter Shaffer, también guionista de la película homónima de Milos Forman, contribuyó a que la fábula creciera. Salieri y Mozart se nos mostraron como archienemigos, cuando en realidad ambos se admiraban y respetaban, tanto que en el museo de Praga se ha descubierto hace poco la partitura de una cantata compuesta a cuatro manos por Antonio Salieri y Amadeus Mozart.

La obra de teatro y la película falsifican la historia con una trama criminal y unos personajes tan alejados de la realidad que su único parecido con los originales es el nombre. Mozart no tenía una risa gallinácea, no era un hombre grosero, ni un creador iluminado por las musas que lo transformaron en genio. Pero quizás en esta parodia, quien sale peor parado es Salieri, porque nos lo presentan como un músico mediocre (fue profesor de Beethoven, Schubert y Liszt), un personaje envidioso, perverso, loco y homicida. Él fue una de las pocas personas que asistieron al entierro de Mozart, que si acabó en una fosa común no fue por ser pobre y desconocido, era uno de los compositores más célebres de su época y ganaba dinero a espuertas, pero el conductor del coche fúnebre se equivocó de camino y cuando llegó al cementerio estaban cerrando la cancela.


Salva a esta película-engendro la música de Mozart, la extraordinaria puesta en escena y la soberbia interpretación de F. Murray Abraham en su papel de Salieri.

1 comentario:

Toy folloso dijo...

El rigor no es lo principal en estas películas....