19 de enero de 2016

Aún seguimos ciegos

Primo Levi se refiere a cuantos no quisieron ver y a quienes fueron cómplices de los horribles sucesos ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial. Lamentablemente, sus palabras aún tienen vigor respecto a tantos asuntos ante los cuales permanecemos impasibles.
 

«…Es el que ante la culpa de los demás, o la propia, vuelve la espalda, para no verla y no sentirse afectado: así ha actuado la mayor parte de los alemanes durante los 12 años hitlerianos, con la ilusión de que no ver fuera no saber, y que no saber le descargara de su cuota de complicidad y connivencia (…). El mar de dolor, pasado y presente, nos rodeaba, y su nivel iba subiendo año tras año hasta casi sumergirnos en él. Resultaba inútil cerrar los ojos y volver la espalda, porque todo estaba alrededor, en todas las direcciones, hasta el horizonte. No nos era posible, ni habíamos querido, ser islas; los justos que había entre nosotros, ni más ni menos numerosos que en cualquier otro grupo humano, han experimentado el remordimiento, la vergüenza, el dolor en suma por el pecado que otros, y no ellos, habían cometido, y en el que se han sentido implicados, porque sabían que cuanto había acontecido en su entorno, y en su presencia, y en ellos, era irrevocable. Nunca más podría ser lavado. Se había demostrado que el hombre, el género humano, en definitiva, nosotros, éramos capaces de construir una mole infinita de dolor, y que el dolor es la única fuerza que se crea de la nada, sin esfuerzo. Basta con no ver, no escuchar, no hacer».