2 de diciembre de 2015

Morrazo empresarial

Con la excusa de la crisis se han inventado nuevas formas de explotación y abuso. Rara es la persona que realiza trabajos creativos que no haya sufrido alguna oferta del denominado trabajo especulativo. ¿En qué consiste? En desarrollar un trabajo completo, ya sea una campaña publicitaria, un proyecto arquitectónico o la redacción de unos textos, como requisito de admisión. ¿Qué ocurre con los candidatos? Los pobres ceden sus derechos de propiedad intelectual al desaprensivo de turno y suelen ser rechazados de manera educada. El empresario ha conseguido un impecable trabajo a coste cero. Así, por la jeta. Este es otro ejemplo de morro empresarial: escudarse en la mala situación económica para no contratar a un profesional y para ahorrarse el pago de unos servicios recibidos.
La precariedad se extiende como una mugrienta mancha de aceite por el panorama laboral español y afecta a numerosas profesiones. Estar a prueba una semana, trabajando 40 horas sin cobrar, es algo de lo más normal. Como habitual es que luego no te contraten y te echen a la calle con buenas palabras.
Soy de los que opinan que esto sucede porque nos dejamos avasallar, porque las pasamos tan canutas que estamos dispuestos a todo para conseguir una oportunidad, incluso a renunciar a un salario, con tal de demostrar nuestra valía. También me consta que hay parados que no tragan, que aún conservan un átomo de dignidad, que no están dispuestos a rebajarse.
Trabajar gratis va en detrimento del propio talento. Algunos creativos presentan trabajos que son rechazados y luego ven cómo sus ideas se utilizan. El tiempo que se dedica a trabajar gratis, por si compran tu proyecto, se lo quitas a otras ofertas que pueden ser remuneradas. El concepto de trabajo implica una compensación a cambio.
El morro de algunas empresas es infinito. Su discurso captador de incautos y necesitados está diseñado para prometer la luna y generar expectativas. Luego viene la patada, el ya le llamaremos. Ningún trabajador debe consentir que se rían de él, que le degraden y le hagan comulgar con ruedas de molino. De nosotros depende detener esta forma de explotación.