16 de septiembre de 2015

Buitres

El buitre es un bicho feo, un pájaro de mal agüero, un animal que no cae bien a los humanos, en épocas medievales se llegó a creer que un buitre podía arrancarle las tripas a un hombre. Hay rimas dedicadas a las golondrinas, a los ruiseñores, a los azores, incluso al cuervo…, pero al pobre buitre no se le ha dedicado en la literatura una sola línea. Quizás este desprecio sea la causa por la que ni nos hemos tomado la molestia de exterminarlo, como hemos hecho con otras rapaces. Tal vez el buitre solo goce de la simpatía de algún pastor, que aprecia a esta especie porque limpia el territorio de cadáveres y restos de animales.
Los buitres son muy inteligentes, tanto que han adaptado sus pautas de comportamiento a la actividad humana. Los pueblos celtíberos colocaban los cadáveres de sus aguerridos soldados en lugares elevados para que los buitres ascendieran su alma al cielo. Los buitres devoraban la carne y cuando los huesos estaban limpios, los celtíberos los guardaban en un osario. Antes de que, en aras de la ecología, la Unión Europea impidiera la ancestral tarea de los buitres como limpiadores de montes y campos, estas aves saneaban la naturaleza. Ahora los buitres, afectados por las directrices europeas, frecuentan los mataderos industriales y sobreviven como pueden.
Cada mañana, el buitre espera desde su atalaya a que el sol caliente las corrientes atmosféricas, sabe que ese aumento de temperatura propiciará la corriente ascendente que le permita subir cientos de metros por encima de la estupidez humana.