18 de junio de 2015

Nada es en vano


Ha bastado un simple arañazo para demostrar que el progreso no era profundo ni estaba arraigado. Los intereses creados que nos gobiernan se han hecho visibles. La burbuja ha explotado, las plusvalías de las recalificaciones están en paraísos fiscales. No hay piedad dentro de la máquina de producción capitalista y ahora nos vamos por el sumidero, porque la cultura, la educación y el progreso son una fina capa de detritus antropológicos. Llegamos a la laguna Estigia entre materia putrefacta y en sus inestables aguas se avistan cadáveres. Son las víctimas de la barbarie de esta civilización.
Alguna vez la humanidad ha salido de ese pantano a tiros, en un intento de resolver la lucha de clases. La codicia de unos es el hambre de otros. La rapiña económica, la venganza política o las estrategias militares son agresiones constantes para la sociedad. Todo se basa en el reparto de proteínas. Desde el Neandertal, las clases se han estructurado en torno a una ración de carne. Privilegio aristocrático es no tener que salir a cazar las proteínas que se consumen en la mesa. Democracia es la bandeja de carne troceada de Mercadona, unos huesos rojos para las clases que hace tiempo escalaron peldaños y que hoy han de volver a bajarlos para colocarse de nuevo en su sitio.
Nada es en vano. La tierra de la esperanza está yerma. Si queremos sembrarla, habrá que regarla con sangre. Quizás entonces crezca una vida nueva y digna, un renovado paradigma del marxismo, en el que los individuos no estén alienados respecto de la naturaleza, porque la transforman con sus manos; ni del trabajo, porque les pertenece; ni respecto de sí mismos, porque todo trabajador es el propio amo y el propio obrero. Bajo este mandato se sueña una vida social, un futuro, un instante eterno, antes de fracasar cumpliéndolo.

1 comentario:

Toy folloso dijo...

Referencia a tu post en el mio.