16 de junio de 2015

La nueva educación

Colectividad que no sabe pensar, no puede vivir. Concepción Arenal.
 

Vivimos en un sistema que en lugar de permitir que descubramos por nosotros mismos la realidad que nos rodea, se empeña en contárnosla como mejor le conviene. Nos liberan de la responsabilidad de aprender y nos obligan, mediante la sumisión, a aceptar que nos adoctrinen y nos manipulen. Pero todos sentimos curiosidad. Somos seres curiosos. A poco que observemos, nos daremos cuenta de la complejidad del mundo y de la diversidad de formas que hay de entenderlo.
Desde que se quemó toda sabiduría en las hogueras inquisitoriales, la pericia de la religión, el patriarcado, el capitalismo, la globalización… para expandir su cultura ha propiciado que en vez de en un ágora de conocimiento compartido por las distintas culturas, vivamos en un gallinero o en un rebaño. Nos hemos decantado por la comodidad. Pensar. Indagar. Investigar. Reflexionar. Conocer. Preguntar. Averiguar. Interesarse… Para qué cansarnos si ya tenemos respuestas prefabricadas para responder a nuestras preguntas. Para qué buscar alternativas y encontrar nuestras propias soluciones.
La verdad es incómoda, peligrosa y subversiva, la mayoría de las veces. Con ella debemos neutralizar las manipulaciones que nos venden como conocimiento y sustituir ese saber académico que aborrega por otro experimental. El antídoto para el aborregamiento es la comunicación. No esa comunicación en red que convierte en viral cualquier chorrada intranscendente, sino la Comunicación. Compartir el conocimiento que se genera indagando como autodidacta.
El sistema académico, y el sistema en general, nos convence de que dentro se está mejor que fuera, por eso premian a sus seguidores con títulos y doctorados y castigan a los disidentes desprestigiando el saber adquirido por métodos “no convencionales”. Pero es necesario cuestionar y poner en duda lo aprendido, combatir el miedo y los males con que nos amenazan cuando queremos abandonar el sistema.
La plasticidad de nuestro cerebro hace que se adapte a lo que sucede en nuestra vida. Inutiliza las funciones que no tienen conexiones y activa las que sí las tienen. Los que disfrutamos pensando por nuestra cuenta, siempre hallaremos una brisa favorable y una buena estrella que nos guie.