23 de junio de 2015

Del celucotton al kleenex

Durante la Primera Guerra Mundial se produjo una escasez de algodón y, ante su carestía, se creó un sucedáneo para que pudiera utilizarse como vendaje en los hospitales. El celucotton o algodón de celulosa, también se empleó como filtro en las máscaras de gas. Era un producto versátil que se fabricaba en grandes cantidades, aunque al final de la contienda quedó un stock considerable sin utilizar y se pensó en su aplicación como compresa femenina, pero el kotex no tuvo éxito. Luego se intentó introducirlo en el campo de la cosmética, mezclado con colcrén se lanzó al mercado como desmaquillador. Las actrices del momento adoptaron aquellos pañuelitos desechables llamados Kleenex-kerchiefs para eliminar el colorete, el maquillaje y el rojo de labios y lograron que se dispararan las ventas. Entonces ocurrió algo inesperado, muchos usuarios escribieron al fabricante alegando que el producto para lo que realmente servía era para limpiarse las narices. Hacia 1921 se ideó una cajita dispensadora de kleenex y en 1936 una nota insertada en la caja sugería hasta cuarenta y ocho usos posibles de las dos capas de papel separadas y dobladas sobre sí mismas. El público no tuvo en cuenta la sugerencia y la limpieza nasal sigue siendo el uso principal que se les da a los kleenex.