15 de abril de 2015

Pongo luz a tu depresión

Cuando convives con una persona que padece depresión, la tendencia innata es cogerla del brazo, sacarla de casa y conducirla a un mundo de luz. Así nos sentimos bien con nosotros mismos, hemos hecho lo que consideramos correcto, aunque no hemos sido de ninguna ayuda.
Una ayuda resulta eficaz al cumplir los objetivos previstos, y para conseguir estos objetivos hay que saber cuáles son las causas que subyacen en el fondo de ese abatido estado de ánimo. ¿El trabajo es una fuente de estrés? ¿Los hijos te pueden? ¿No tienes un minuto para ti? Propiciar un clima relajado, marcharse al parque con esos niños, favorecer que esa persona disponga de un rato de tranquilidad, puede ser un buen comienzo.
Una depresión no es ninguna tontería, está causada por un desequilibrio químico del cerebro. Así que esa persona derrumbada sufre una enfermedad. Necesita apoyo profesional y necesita un hombro en el que llorar, un soporte emocional, el cariño incondicional de un amigo.
La depresión es muy dura para quien la padece, también para las personas de su entorno más cercano. Por eso es una oportunidad perfecta para mostrarte como amigo. Puedes abrir un paraguas y guarecer a alguien que se ha empapado bajo el chaparrón.