30 de abril de 2015

Igualar las diferencias


La última edición del informe PISA coloca a los escolares españoles por debajo de la media del resto de países evaluados en comprensión lectora y matemáticas. El último informe de Eurostat señala una tasa del 21,9% de abandono escolar prematuro en nuestro país, casi el doble del promedio de la Comunidad Europea. ¿Qué significan estos preocupantes datos? Pienso que los escolares de España no son ni más listos ni más tontos que el resto, lo que falla es el sistema educativo, las políticas que se aplican al respecto.
La escuela es la primera fábrica de borregos que tiene la sociedad. Trata a todos los alumnos igual, se les exigen idénticos logros, se les estimula de la misma manera. Luego ocurre que cada individuo deja de crecer como persona, de acuerdo a sus diversas capacidades, y se convierte en un miembro más del grupo siguiendo las directrices impuestas por el currículo de turno.
Pero resulta que cada niño y niña son diferentes. Cada uno tiene unas habilidades innatas para algo y unas dificultades para enfrentarse a determinadas asignaturas. Si un alumno posee un marcado talento musical y suspende lengua, el problema es del sistema, que lo considera distinto porque se sale de la norma. Pero es el chaval quien sale perjudicado porque tendrá que repetir curso, se sentirá fracasado y su vida académica resultará un martirio.
La escuela debería atender las necesidades individuales de los alumnos, facilitar su aprendizaje y permitir su desarrollo tanto académico como personal. En vez de eso, al alumno que no encaja en el estándar se le expulsa del sistema sin contemplaciones.