1 de abril de 2015

El copiloto "asesino"

Parecía un accidente, pero no lo era. Un copiloto estrellaba un avión. Unas horas después, los medios de comunicación diseccionaban la vida laboral y personal de Andreas Lubitz. El trágico final del A320 es lo de menos, ahora la noticia se ceba con la historia personal del copiloto.
Europa y el mundo buscan respuestas. ¿Qué clase de persona era Lubitz? ¿Cómo fue capaz de cometer semejante barbaridad? ¿Por qué lo hizo? Necesitamos encontrar explicación a un hecho que no la tiene. Los seres humanos necesitamos entender los motivos de este acto deleznable para recuperar la tranquilidad y en este afán construimos etiquetas, emitimos juicios... Nos equivocamos.
La información se confunde con el espectáculo bochornoso. ¿Hasta dónde es lícito hablar de la vida del copiloto? La gente necesita comprender por qué Andreas Lubitz hizo lo que hizo, pero no a costa cualquier cosa, pasando por encima de una mínima ética.
Los profesionales del Hospital Clínico Universitario de Düsseldorf que trataban a Andreas Lubitz no han facilitado ningún dato sobre él, se amparan en el secreto médico. Han antepuesto la responsabilidad. Es lo que debería hacerse, no especular ni abundar en el morbo.