23 de marzo de 2015

Y si no es Cervantes...

Cervantes es, además de uno de nuestros mejores escritores clásicos, un icono cultural. El premio literario con más prestigio de nuestras letras lleva su nombre. Las monedas de un céntimo de euro se han acuñado con su efigie. Sus obras son parte de nuestro capital intangible.
Con tantos atributos como posee Cervantes, no es extraño que encontrar sus restos se haya convertido en un asunto de interés nacional. Un equipo formado por forenses y arqueólogos intenta dar con los huesos del autor en el Convento de las Trinitarias de Madrid. Según ciertos estudios antiguos, no demasiado rigurosos, del Marqués de Molíns y Luis Astrana Marín, Cervantes recibió sepultura en el citado convento y sus despojos no se han movido de allí.
No hay forma de averiguar la autenticidad de la osamenta hallada, los huesos pertenecen a varios cadáveres, se encuentran en mal estado y no es posible extraer ADN de ellos. Aunque esto fuera posible, tampoco habría con qué compararlo. Así que sospecho que nos quedaremos con la duda eterna.
Supongamos que se puede certificar la identidad de los restos. ¿Y qué? El lugar será centro de peregrinación, un reclamo turístico con suvenires creados para la ocasión, una forma de sacar dinero. Pero no se nos ocurrirá profundizar en la lectura y estudio de la obra cervantina.
Supongamos que no hay forma de ratificar que Cervantes se encuentra donde se supone que está. ¿Y qué? Seguiremos como hasta ahora. Sabiendo que uno de los mejores autores de la literatura universal es español.