11 de marzo de 2015

Tu higiene les hace ricos

Al recorrer los pasillos de la sección de perfumería de cualquier supermercado, comprobaremos la ingente cantidad de productos que existen para disimular nuestro olor corporal: desodorantes, champús, geles, colonias, cremas, lociones, enjuagues bucales, jabones… Los españoles gastamos cerca de 3.858 millones de euros en higiene personal al año. El monto de gasto en todo el planeta asciende 117.849 millones. Estas cifras dan una idea que permite comprender la importancia de esta industria en el mundo.
Tenemos el concepto de que el dinero que gastamos en higiene personal es dinero bien invertido, puesto que con él adquirimos productos de primera necesidad, aunque la preocupación por nuestro supuesto mal olor corporal fue inducido por la industria estadounidense de la higiene, que consiguió que la mitad de la población mundial sienta culpa y miedo respecto a su olor.
Entre finales del siglo XIX y principios del XX cambian en las costumbres sociales. Las personas coinciden en espacios reducidos como el ascensor o el metro, conviven durante horas en la oficina y la proximidad con el otro permite que percibamos su olor. El miedo a oler mal, y con ello influir negativamente en la percepción que de nosotros tienen los demás, se usa como elemento de chantaje por parte de los fabricantes de desodorantes, jabones, etc. Se elige a la mujer como blanco. Los anuncios en prensa la amenazan con no encontrar marido si no consume los productos de higiene indicados. También los hombres pueden quedarse sin esposa si no usan colonia o una loción para después del afeitado.
En 1927 los principales productores de jabón fundan el Instituto de la Limpieza (Cleanliness Institute), su objetivo es convencer a la población de que la limpieza corporal resulta un deber ineludible para todos. Aquí se elige a los escolares como “víctimas” y se les inculcan unos hábitos de higiene diaria: lavarse las manos después de usar el váter, antes de comer y nada más levantarse. Si siguen estas pautas desde la infancia, cuando sean adultos las transmitirán a sus hijos.
De esta forma tan simple, se logró modificar los hábitos de limpieza de millones de personas.