21 de enero de 2015

Psicología en la economía


Todos nosotros cedemos alguna vez el control y nos dejamos llevar por nuestro lado irracional. Nos resulta imposible ser objetivos al cien por cien porque somos seres emocionales, tenemos sentimientos, y sobre nuestras consideraciones pesa no solo lo que aconseja la razón, sino también lo que decreta el instinto. Pese a esta realidad, el pensamiento que predomina en la economía es el racionalismo y con sus valores como referencia, actuamos. 
Al concluir la Segunda Guerra Mundial, el mundo académico se apresura para dar legitimidad y categoría de ciencia a la Economía. Todas las teorías que puedan resumirse en una fórmula matemática son válidas. La producción en cadena avanza en todos los ámbitos, se fabrica cualquier cosa que la gente necesite, surge así el consumismo. No consumimos porque tengamos una necesidad, tenemos la necesidad de consumir. Pero una fórmula matemática no puede animarnos a comprar, para vender un producto hay que apelar a la parte emocional del comprador, persuadirle, hacerle creer que el artículo que adquiere le hará más feliz, le proporcionará un estatus, le distinguirá de los demás. Por eso se inventa el marketing, que transformará la industria y, aplicado correctamente, hará millonarias a las empresas.
Cualquier ciencia necesita de la psicología, pues tiene la clave para comprender a los humanos.