12 de enero de 2015

Para reflexionar

¿Y si el enemigo de los malos es también malo?
¿Quién nos protegerá entonces?
Si no existe una doctrina en la que creer ni un líder al que seguir, ¿qué hacemos?
Para las mentes simples, el enemigo del fanático es siempre equilibrado, la verdad proviene de un libro, de una emisora de radio o de una cadena de televisión.
Es un mecanismo de programación habitual, que vemos reflejado constantemente a nuestro alrededor.
Programan nuestra mente sembrando el odio al contrario, denominado muchas veces: “enemigo”. En España hay personas que votan al PP para que no gane el PSOE, y viceversa, solo porque odian al otro partido. El odio consigue que la gente se enfrente defendiendo opciones diversas.
Esto sucede en todas partes, en todos los ámbitos.
Nuestro cerebro está acostumbrado a elegir entre “buenos” y “malos”. Le falta el hábito de pensar por sí mismo, evaluar situaciones, sacar conclusiones…
Ser independiente exige pensar, y no nos han programado para eso.