2 de diciembre de 2014

Elegancia

En palabras de Honoré de Balzac, elegancia es “la ciencia de no hacer nada igual que los demás, pareciendo que se hace todo de la misma manera que ellos”.
Según su origen latino, elegante proviene de “elegere”, es decir, elegir. Y todos procuramos elegir lo mejor.
Aplicada a las personas, la elegancia consiste en reunir una serie de cualidades, ser respetuoso con los demás, sencillo, noble, natural, auténtico, discreto, moderado, íntegro, tener buen gusto, armonía interior, un estilo personal, delicadeza, un toque de distinción, compostura, buenas maneras, sentido estético.
Esta es la dimensión moral de la elegancia, el sustrato del que se nutre quien sabe lo que quiere y obra como debe, quien es dueño de sí mismo y procura mejorar constantemente. Lo que hay en el interior es lo más importante de cada persona y la elegancia emerge desde dentro y se manifiesta en el exterior.
Por desgracia, en nuestra sociedad se confunde ser elegante con tener buena imagen. Se valora más poseer un buen coche o un buen fondo de armario, aderezos externos que nos hagan parecer bellos ante los demás. Pero con unos pensamientos pobres, con carencias culturales y morales, con falta de educación, siempre seremos vulgares.