6 de noviembre de 2014

Lecciones de igualdad

Las madres y los padres enseñan constantemente a sus hijos e hijas qué hacer o no hacer, qué cosas son importantes y cuáles no lo son tanto, cómo reaccionar ante determinadas cuestiones, cómo solventar ciertos problemas… Es decir, están inculcando una forma de ser y de estar en el mundo que se filtra por goteo y va dejando su marca. Los padres y madres tienen la enorme responsabilidad de transmitir unos valores, unos ideales y unas intenciones para que sus hijas e hijos se enfrenten al mundo que les rodea.
Quienes creen en la igualdad deben educar en el feminismo, en la no distinción entre sexos. Las mujeres y los hombres padecemos injusticias, desigualdad, violencia, abusos de todo tipo. Hemos creado una sociedad inhumana en la que cuesta vivir con dignidad, sin ser pisoteado por el sistema. Por eso resulta imprescindible erradicar los estereotipos que nos inculcan desde que somos niños, por eso es responsabilidad de todos cimentar en la familia principios que garanticen la igualdad, la de género y cualquier otro tipo de igualdad.
Haber nacido varón no es impedimento para ser feminista. Los hombres y las mujeres somos, ante todo, personas. Ser hombre o ser mujer es una etiqueta sin significación real, olvidémosla. Se puede ser fuerte y sensible, amante del fútbol o de las revistas de moda. El sexo no nos define, como no nos define el coche que conducimos, la ropa que vestimos o el saldo de nuestra cuenta corriente. Ser buena persona, tratar a los demás con educación y respeto, mostrarse solidario con el prójimo, sí nos define y dice mucho de nosotros en cuanto al tipo de individuo que somos.
Al constituir una familia hay que entender que existen muchas formas de mantenerla y la económica solo es una de ellas. No hay que desatender aspectos como el emocional, el psicológico, el pedagógico… Compartir es primordial para que todos los miembros se involucren en la medida de sus posibilidades para sacar ese proyecto de vida adelante. Las mujeres son capaces de reparar un grifo que gotea y los hombres saben cambiar pañales y hacer la colada. Da igual quién haga las cosas, lo importante es que se hagan desde la paridad.
Si en la familia se suprimen las diferencias entre sexos, poco a poco desaparecerán de la sociedad. Si la educación familiar incluye lecciones de justicia igualdad y respeto hacia los otros, se podrá cambiar el mundo.