25 de noviembre de 2014

Escuchar música

La realidad es subjetiva, diversa y escurridiza. Presenta unas dimensiones que a primera vista pueden parecer contrapuestas, perspectivas diferentes que modulan nuestra percepción y nuestras vivencias. Por temperamento, carácter o cultura, una persona contemplará un aspecto de la realidad muy diferente al de otra y así su visión del mundo y de la realidad estará condicionada por estas variables.
 
Esto ocurre con la música. Presenta una dimensión intelectual, técnica y sumamente sofisticada. Escalas, intervalos, acordes, melodías, armonía, ritmo… requieren años de dedicación, estudios y práctica, pero también hay otra variante de la música, la que experimentamos la mayoría, una dimensión puramente emocional que nos permite disfrutar de la belleza y nos presenta los sonidos en una secuencia ordenada de tonos que configuran este particular lenguaje.
 
Escuchar música es dejarse cautivar por el ritmo y la melodía para participar en un misterio que nos invita a olvidar la realidad y nos transporta un poco más allá, a las regiones turbadoras o celestiales de un mundo superior que los hombres no son capaces de entender, pero que sí pueden sentir.
 
Al escuchar música, percibimos ondas sinusoidales, frecuencias, vibraciones que generan ondas en el aire y que impactan en el tímpano, pero en realidad disfrutamos de placenteras emociones que nos trasladan al reino perenne de la belleza, la luz y la armonía.