3 de noviembre de 2014

Acéptate

Yo soy de las personas que luchan, que no se resignan, que piensan que las cosas que no nos gustan se pueden cambiar, que no escatimo esfuerzos para lograr lo que me propongo. Así que, como consecuencia de mi filosofía vital, el cielo se desploma sobre mi cabeza cada dos por tres por culpa de esta maldita crisis.
La situación de desempleo mina la moral del más pintado e incluso el más valeroso “guerrero” se cansa de soportar el piélago de desgracias que nos llueven a todos. La gente como yo tiene al enemigo en casa, se llama impotencia, y hace que te sientas incapaz.
Para que cambie mi particular enfoque de la realidad, me han hecho llegar un pensamiento zen que dice:
“Cuando aceptas, y conste que no es tarea fácil, que cada detalle forma parte de ti, cuando te percatas de que el dolor que sientes proviene de estar rechazando siempre aquello que te disgusta, surge una sensación de unidad, de que así es como ha de ser. Porque no existe lo bueno y lo malo. Bueno y malo son valoraciones de nuestra mente”.
Me he percatado de dónde proviene el dolor que siento, solo me falta aceptarlo. Ya les contaré.