10 de septiembre de 2014

Nos necesitamos

Desde que Dios murió, hemos cambiado mucho. Las preguntas que antes nos hacíamos sobre la muerte, el más allá o la vida eterna se han esfumado ante la evidencia de una “nada” que lo abarca todo. La muerte nos convierte en nada y más allá de la muerte no hay nada. Asunto resuelto. Si alguien todavía alberga alguna duda al respecto, la resuelve no pensando en ello, concentrándose en otros asuntos menos trascendentes.
En la sociedad actual, todos somos jóvenes, atractivos e independientes y no necesitamos de nadie para vivir. No necesitamos a nadie para vivir hasta que reparamos en que somos ancianos y alguien debe asistirnos porque no podemos atender nuestro propio cuidado personal. No necesitamos a nadie hasta que nos quedamos sin pareja, sin trabajo, sin salud o sin empleo, hasta que vienen mal dadas y nos percatamos de que necesitamos a los demás, y mucho.
Cada vez vivimos más años, pero ¿cómo los vivimos? Intentamos permanecer ajenos a la realidad, como esos niños pequeños que al taparse los ojos para no ver al coco, piensan que el coco ha desaparecido. La dinámica del consumismo nos obliga a tener y deja de lado que antes debemos ser. Ser personas, con la dosis de vulnerabilidad, miedo y sufrimiento que ello implica.
No somos autónomos, la enfermedad, los problemas de toda índole, la soledad, las propias dificultades de la vida hacen que los demás no solo sean necesarios, sino que se conviertan en imprescindibles.