1 de agosto de 2014

Tremenda decepción

En Cataluña, y fuera de ella, muchos pensábamos que Pujol era un estadista. Que la familia de Jordi Pujol se aprovechase de su situación y condición era “normal”, pero lo que nadie esperaba es que fuesen comisionistas, evasores de impuestos y corruptos. Jordi Pujol pregonaba su moralidad intachable, sus firmes convicciones y ha resultado ser un embaucador de primer orden.
Perplejos, dolidos, apenados por la magnitud y la gravedad de los hechos, asistimos a la cascada de información que nos dice quiénes eran de verdad los Pujol. El Molt Honorable se ha deshonrado y nos ha deshonrado a todos. El sueño catalán es una pesadilla. El hombre que daba lecciones de ética, civismo y buenas prácticas democráticas reprobando conductas ajenas es un impostor. Y su partido, que tiene embargada la sede por graves acusaciones de corrupción y acompaña al pueblo catalán enarbolando la bandera de la independencia, pierde peso y credibilidad.