19 de agosto de 2014

Peligros del hipermercado

Eres cliente habitual de un hipermercado, lo conoces al dedillo y cada vez que entras a comprar vas directo al estante donde se encuentra lo que necesitas. Pero un día llegas y nada está en su sitio habitual. ¿Dónde demonios han puesto las latas de atún? ¿Y la sal? Las mentes diabólicas del márquetin no descansan y cualquier recurso es válido si tiene como resultado que el cliente compre más. Por eso, cada cierto tiempo, se cambia la ubicación de los productos, así tienes que recorrer toda la superficie de venta y por los pasillos siempre encuentras algo inesperado que acabas metiendo en el carrito. Bueno, lo de carrito es un eufemismo, porque el tamaño corresponde a un carro en el que cabe media tienda.
Inicias el recorrido por el hipermercado recién organizado y te topas con lo de siempre: lo que no necesitas es lo primero que encuentras y lo que vas a comprar está colocado en la otra punta de la tienda. Entre tanto, el camino está sembrado de ofertas irresistibles. O no tanto. Lo curioso del asunto es que los precios tienen muchos nueves. Y también es casualidad que los céntimos siempre sean 99. ¿Qué diferencia hay entre 19,99€ y 20€? Un céntimo. Nada. Pero como percibimos más barato el primer precio, el truco funciona.
En un punto estratégico del establecimiento han colocado un vertedero, se trata de un recipiente en el que hay amontonados sin orden ni concierto artículos rebajados. La gente es atraída a él como si fuera un imán. Encontrar el mejor chollo entre semejante desbarajuste es toda una hazaña, por eso produce una enorme satisfacción pescar algo interesante en ese revoltillo.
Por fin llegas a la caja, donde te esperan nuevas trampas: las pijadas. Chicles, golosinas, pilas… No son productos caros, por eso se te va la mano. Si estás concienciado y reciclas, llevarás tu bolsa para meter la compra. En caso contrario, las bolsas que antes te regalaban a mansalva ahora, con la excusa del ecologismo, te las cobran. Como se rompen con solo mirarlas, la tienda tiene otras más caras que son más fuertes y reutilizables, llevan su logo y, de paso, le haces propaganda. Antes de abandonar el hipermercado con la compra todavía hay otra prueba por superar: Te llevamos la compra a casa gratis* (fíjense en el asterisco). Un cartel te invita a desentenderte de lo comprado y recibirlo en tu casa, ordenado y refrigerado. Una oferta seductora de no ser por el asterisco, porque hay que gastar una cantidad fijada por la empresa para que esto ocurra. Te has gastado una pasta en la compra del mes, pero te faltan 20€ para cumplir el requisito y se te plantea un dilema: cargar con todo lo adquirido o comprar algo más hasta llegar al importe estipulado y que el transporte te salga gratis.
Las tiendas tienen un enorme poder para abobar a sus clientes, destacan los artículos que más les interesa vender, bien porque el margen de beneficio o el stock es mayor, y los colocan a la altura de los ojos. Los niños encuentran al alcance de la mano lo que más les gusta: chucherías y juguetes, y una vez que la presa está bien atrapada, a ver quién es el padre o la madre que osa arrebatársela. Saben que la mitad de las compras que hacemos en un hipermercado no están planificadas, son compulsivas, y esta es una importante baza a su favor.

1 comentario:

Toy folloso dijo...

Conduces el carrito con la izquierda, y llegan a frenarle las ruedas de la derecha para que decante hacia el lado que tienes la mano libre....

En Francia -que nos llevan años de adelanto en todo-, es fácil ver gente comprando sólo lo que pone en la lista que han hecho en casa.