22 de julio de 2014

Muertos de miedo

La incertidumbre nos cubre con su manto. El mundo está plagado de amenazas potenciales y reales: el terrorismo, el paro, el cambio climático, el fin de la protección social, el fracaso del capitalismo, la impotencia ciudadana, la incapacidad del Estado para velar por el pueblo, el hambre, la falta de ideas para construir un mundo nuevo, la merma de derechos y libertades, la pobreza…
Y nos dicen que todos estos males son merecidos, provocados por nuestra inconsciencia, por vivir por encima de nuestras posibilidades. La crisis es un castigo divino por nuestros pecados: envidia, avaricia, lujuria. Volvemos a vagar por un valle de lágrimas, esperando que el más allá nos depare algo mejor o al menos nos libere de tanto sufrimiento.
Las víctimas de la crisis nos hemos resignado. Las élites se han rebelado para romper la igualdad y redactar los nuevos mandamientos de la Ley del Dinero.