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El líder de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), José María Gil Robles, había dejado clara su simpatía por la democracia en la campaña electoral de 1931: "La democracia no es para nosotros un fin, sino un medio para ir a la conquista de un Estado. Llegado el momento, el Parlamento se somete o le hacemos desaparecer", declaró en un mitin. "Si vamos a labrar un mundo nuevo no es mucho pedir que se desangre esta sociedad, si es que de ella ha de salir la salvación de la generación futura", añadió.

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