16 de julio de 2014

Acosados

Quizás no lo percibimos, no lo notamos, no nos damos cuenta, pero la realidad es que vivimos acosados. Nos acusan, nos responsabilizan, nos vuelven culpables: Hay que hacer los deberes. No hay alternativa. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. No somos competitivos. No puede haber de todo para todos y gratis. Debemos practicar la austeridad. Hay que recortar gastos. Esta crisis exige sacrificios…
Al final, han conseguido que los españoles creamos que somos responsables de lo que nos pasa. Las víctimas de la crisis pensamos que esta situación que soportamos es culpa nuestra.
Los mercados, la troika, los agentes económicos, la casta, Bruselas… son enemigos abstractos, sin cara, que ejercen un poder perverso sobre la ciudadanía indefensa. Nos castigan por unos pecados que no hemos cometido, que son fruto de su avaricia desmedida. Hablan con un lenguaje técnico que no entendemos. Manipulan datos, estadísticas, realidades. Se burlan de las voces disonantes, de quienes dicen que las cosas podrían ser de otra manera, que la crisis debe gestionarse de diferente forma. Han dividido a la sociedad en dos bloques antagónicos: los resignados y los que plantean alternativas.
Acosados y humillados nos vamos convenciendo poco a poco de que esto es lo que hay, así no plantamos cara. Estamos confundidos, de la catástrofe hemos pasado a la euforia y aunque no veamos ningún síntoma de que nuestra vida mejora, terminaremos por creer que hemos salido de la crisis. Sentimos miedo, no nos atrevemos a rechistar porque entonces nos aplicarán el palo y será todavía peor. Tenemos lo que nos merecemos porque no somos tan inteligentes como ellos y no sabemos cómo prosperar en la vida.
Nos han colocado en el estado emocional idóneo para convertirnos en un rebaño irreflexivo y acrítico. Nosotros hemos puesto nuestras vidas y nuestro futuro en sus manos. Nos repiten que hacen lo correcto para mejorar la dura situación que sufrimos y empezamos a creerles. La violencia que ejercen contra el pueblo es tan obvia que ni la vemos.