6 de junio de 2014

Los errores de la escuela

La escuela lleva tiempo advirtiendo del aumento de problemas de atención, responsabilidad, compromiso con el estudio y memorización. Los avisos y denuncias no señalan a las causas de estos problemas en el proceso de aprendizaje de los alumnos, que sin duda son consecuencia de fallos estructurales e internos. Las advertencias son neutrales, como si la escuela no tuviera nada que ver, como si estos fallos detectados no fueran suyos. La falta de atención, de disciplina y puede que incluso el bullying son consecuencia de una falta de significación e interiorización del proceso de aprendizaje por parte de los alumnos.
Para los estudiantes, el modelo de aprendizaje propuesto en la escuela se halla muy lejos de sus intereses. Los alumnos que no atienden no necesitan medicación ni aislamiento para evitar distracciones, necesitan propuestas que los enganchen, que tengan sentido para ellos. Las enseñanzas que imparte la escuela están a años luz de sus vidas, de sus emociones, de sus temores… La atención se logra involucrando en el proceso escolar a los alumnos. Pero se hacen las cosas al revés.
Con la responsabilidad ocurre algo semejante. Se emplean tácticas, ejercicios para desarrollar la responsabilidad del alumnado. Se confunde una cuestión ética, de deseo, con un problema técnico. Los alumnos no saben ser responsables porque no están constituidos para la responsabilidad. El compromiso con el proceso de aprendizaje no se adquirirá con una dinámica escolar diseñada para tal efecto, nacerá de un cambio de base entre el estudiante y lo estudiado. La responsabilidad es una condición de origen, una posición subjetiva de las personas ante los demás y ante el mundo. Se es o no se es responsable.
La escuela no entiende de matices, ni de individualidades. Para la escuela no hay sujeto, sino una acumulación de habilidades y conocimientos. El listón es igual para todos, pero no todos los alumnos son iguales.
La forma de aprendizaje, de trabajar la memoria, necesita una seria revisión, porque no se trata de añadir datos al cerebro o de repetir conceptos hasta memorizarlos. El cerebro funciona de otra forma. La memoria se fija por encastre. Los conocimientos que permanecen son los que están enlazados con otros. Si no hay encastre, los conceptos se volatilizan en cuanto se cierra el libro o termina el examen.
Nadie aprende cuestiones descabaladas, carentes de vinculación y causalidad de los hechos y las cosas. Pero los libros de texto están diseñados así, llenos de planteamientos no significativos, sin lazos que vinculen. No nos sorprendamos luego de que los conocimientos no quedan fijados.
La escuela comete errores. Si lo que se pretende es comprometer al alumnado en su propio proceso de aprendizaje, debe cambiar sus estrategias, intervenir a otro nivel.