25 de junio de 2014

19 de junio

Portar la bandera republicana no es ni ilegal ni inconstitucional, pero el 19-J, cuando Felipe VI subió al trono de España, se retenía a ciudadanos en la calle y se les identificaba, incluso se les detuvo en algunos casos, todo por disentir, por no estar de acuerdo con lo que ocurrió el jueves pasado. El 19 de junio hubo al menos nueve detenciones por hacer apología de la democracia, del derecho a decidir y el uso de la libertad de expresión.
Vivimos en una democracia que no tolera la disensión. Felipe VI hablaba en su discurso de una España inclusiva, pero parece que será inclusiva para los que aceptan ser súbditos, no para los demás. Gracias a la delegada de Gobierno en la comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, la capital del reino vivió un estado de excepción poco democrático. Ciento veinte francotiradores apuntando a los ciudadanos desde todos los ángulos y el despliegue militar y policial que hubo para cubrir el recorrido del Phantom IV desde el que Felipe VI saludaba al pueblo cercado por vallas, daban cuenta del miedo a que ocurriese algo.
El 19 de junio, la ciudadanía era sospechosa. ¿De qué? ¿Qué justificaba semejante paranoia? ¿Quizás el descontento generalizado hacia la corona? La cantidad de escándalos que han surgido en torno a ella en los últimos años y el hecho de que sea en estos tiempos una institución innecesaria y obsoleta, justifica el desacuerdo de muchos españoles con la institución monárquica. Pero lo que más molesta e indigna, en un momento tan crítico para la democracia y la economía, es que ni se pueda plantear un referéndum. El referéndum significaría poder decidir democráticamente quién es el Jefe del Estado.