28 de abril de 2014

Solos, pobres y viejos

Lo avancé hace unas cuantas semanas. El futuro que viene no se presenta nada halagüeño. La esperanza de vida aumenta, cada vez existen más familias desestructuradas, rotas, monoparentales, de manera que se multiplica el número de personas que vivirán solas cuando lleguen a la vejez.
Según el estudio publicado por el Instituto Británico de Investigación sobre Políticas Públicas (IPPR), uno de cada diez británicos que hoy tiene 40 años padecerá “soledad crónica” cuando se jubile. “Los servicios públicos de salud no podrán asumir el coste de la atención y los cuidados a un número cada vez más elevado de personas dependientes, pues hasta ahora eran sus propios familiares quienes atendían la mayor parte de sus necesidades”. El número de personas mayores de 60 años pasará de cinco a veinte millones en el año 2033; entre tanto, la desaparición de los vínculos familiares dejará a una buena parte de ellas en manos de los servicios públicos.
El informe pone especial énfasis en las personas que hoy se encuentran entre los 40 y los 50 años. Un espectro demográfico con unas elevadísimas tasas de desempleo y severas dificultades para recolocarse tras un despido, por lo cual han tenido que dejar de pagar seguros médicos y de jubilación.
El futuro económico pinta muy mal y a la soledad que amenaza a muchas personas jubiladas, hay que añadirle el empobrecimiento. Millones de personas tendrán que sobrevivir con una pensión mínima y la atención del Estado se prevé mínima o inexistente, porque las arcas públicas no están como para atender semejante demanda.
En Alemania y Austria  están tomando medidas al respecto y se impulsan las “adopciones” de los propios nietos, si viven en familias monoparentales, para que puedan cuidar a sus abuelos durante la vejez. Si ningún familiar puede atender o ayudar al jubilado, se quedará solo y pobre.
En España ya se han dado numerosos casos de personas jubiladas que no pueden afrontar sus gastos de electricidad, alimentación, medicinas, calefacción… por falta de recursos. Al aumentar los precios, los pensionistas no cesan de perder poder adquisitivo desde el inicio de la crisis.  El año pasado, las pensiones subieron apenas un 1%. Este lo han hecho alrededor de un 0,25%. Un aumento ridículo de apenas unos euros, que no es ni remotamente suficiente para contrarrestar el encarecimiento de la vida. Así no se puede vivir.
Moriremos solos, pobres y viejos. Este es el futuro que nos espera y para el que nadie pone remedio.