24 de marzo de 2014

No todo es oro

De Secretario General del Movimiento con Franco a Presidente del Gobierno democrático en 1977 y constitucional en 1979, Adolfo Suarez fue todo lo bueno que de él se dice ahora. También fue el heredero del dictador a quien se le entregó la Jefatura del Estado sin que el pueblo le votase. Contribuyó a diseñar un sistema electoral que favoreciera la mayoría de UCD, creó un Senado que no sirve porque no es una cámara de representación territorial. Con Suarez la Transición fue un tiempo convulso en el que se controlaba al pueblo con el uso indiscriminado y abundante de material antidisturbios, con disparos de pelotas de goma y botes de gases lacrimógenos, con palizas y muerte de detenidos. La policía (los grises) utilizó sus armas de fuego en forma de ráfagas de metralleta contra los ciudadanos que protestaban, como ocurrió en los Sanfermines del 78…

Sí, es cierto, la Transición pudo haber sido peor, pudo regarse con abundante sangre, mantener la dictadura… El trabajo de Suarez es obvio e innegable, no le quito mérito. Aunque, ya puestos, las cosas pudieron hacerse de otra manera, así no habría necesidad de enmendar ahora tantos errores.