14 de febrero de 2014

Las élites y los demás

Que nuestra sociedad está cambiando muy deprisa es algo de lo que todos nos damos cuenta. Tras la dictadura franquista, en España apostamos por la democratización de la vida política y social y nos sumamos al modelo de una Europa que había de ser la materialización de una utopía, un lugar en el que no existiera ni la injusticia ni la desigualdad.
La Unión Europea se pudre, aumenta la desigualdad entre los sectores más y menos favorecidos y tiene sus raíces en un profundo cambio del sistema económico. Las élites buscan grandes beneficios y ahora los consiguen mediante la economía financiera, dejando de lado la economía productiva. Así todo son ventajas. Prestar dinero resulta más rentable que invertirlo en gestionar una empresa, hacerse un espacio en el mercado, pagar a los empleados y pagar impuestos. El dinero se mueve rápido, tanto que cuesta seguirle el rastro. Por eso la evasión aumenta, como aumenta la elusión fiscal.
Los poderes públicos están ya en manos de los grandes fondos de inversiones y plegados a sus imposiciones. Los medios de comunicación pertenecen a los poderes financieros y pierden independencia. Las políticas sociales se desvanecen y el empleo pasa a ser intermitente y precario. ¿Qué podemos hacer? Luchar. Luchar contra la desigualdad y los niveles vomitivos de corrupción, por la transparencia, la justicia y la igualdad. Urgen cambios en la legislación de los partidos políticos, para controlar sus vías de financiación; en el sistema de elección de nuestros representantes, que se les obligue a rendir cuentas, a decirnos qué hacen con nuestros impuestos. Hay que defender a toda costa unos recursos básicos para todos: energía, vivienda, trabajo, educación, salud, prestaciones de desempleo o pensiones. Sin ellos es imposible la supervivencia.
Si los ciudadanos somos capaces de unirnos para defender nuestros intereses, ¿por qué los políticos no están unidos a la hora de defendernos a todos?