31 de enero de 2014

SEPE

Una oficina del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal), antiguo INEM, es un lugar triste, en primer lugar por la tristeza de quienes allí recalan, pero también por la tristeza de la decoración y la iluminación. No digo yo que una oficina de empleo (menudo eufemismo) deba ser una discoteca con música y luces de colores, aunque tampoco tiene por qué ser un tanatorio.
Cada mañana cientos de desempleados acuden a la oficina del SEPE que le corresponde para realizar trámites y aumentar su calvario, porque el SEPE ni consigue empleo ni le solventa la vida a nadie. A través de las 750 oficinas del SEPE solo encuentra trabajo menos de un 5% de los parados.
La web del SEPE dice que la función del organismo es "conseguir la inserción y permanencia en el mercado laboral de la ciudadanía y la mejora del capital humano de las empresas". Pero es falso. Los parados lo sabemos, la sociedad lo sabe y el Gobierno lo sabe. La oficina del SEPE solo sirve para acudir a sellar y realizar trámites burocráticos, también para pillar algún que otro cabreo en el largo viacrucis de mesa en mesa por los distintos departamentos o en la interminable espera aguardando turno.
El SEPE anuncia en Internet que "trabaja por y para la sociedad" y que "toda la actividad del organismo debe centrarse en investigar las necesidades de sus clientes (subrayo clientes) y orientar el trabajo a satisfacerlas de la manera más eficaz". Una falacia, pura palabrería.
Los funcionarios del SEPE están robotizados, y no me extraña, se pasan la mañana rellenando aburridos expedientes, dando de alta a parados, gestionando subsidios o prórrogas, repitiendo hasta la saciedad la misma información: coja número en el botón rojo de la máquina y espere a que le llamen; si no trae el DNI no puedo atenderle, esto lo tiene que tramitar a través de Internet… Su interés por conocer las necesidades de los clientes es nulo, les importa muy poco la persona, su pasado profesional, sus dificultades actuales o su futuro. Algunos atienden sin mirarte a la cara, prestando más atención al teléfono o a un compañero que a la persona que tienen delante. Los asqueados funcionarios del SEPE meten datos en el ordenador y esperan que pasen las horas lo más rápido posible para volver a casa. Les entiendo, pero no los disculpo.
En los paneles informativos hay algunas ofertas de empleo: camarero para hotel en Marruecos con excelente nivel de francés e inglés; personal temporal para temporada estival en Disneyland; ayudante de cocina con discapacidad; personal de limpieza con experiencia demostrable en el manejo de máquinas abrillantadoras, vehículo propio y autónomo… Pero casi nadie reúne los requisitos exigidos, los universitarios carecen de experiencia con máquinas abrillantadoras de parqué y los camareros no se han doctorado en filología francesa por la Sorbona. Así que las ofertas se quedan permanentemente expuestas, por si se produce algún improbable milagro.
Dicen que hay poco dinero y que por eso el servicio del SEPE es deficiente. Supongo que aquí también existirán intereses creados. Los sindicatos ingresan miles de millones por los cursos a los parados. Quizás a alguien le interesa que el servicio vaya de mal a peor para justificar otra privatización. Qué sé yo. El caso es que el SEPE es ineficiente y no cumple con el objetivo para el que ha sido creado. Lo malo es que su incompetencia la sufrimos muchos.