28 de enero de 2014

Miserables

Cada vez resulta más palmario que la crisis es en realidad un proceso de cambio en el equilibrio del poder político y económico hacia los intereses de la élite. Se hundió la industria manufacturera trasladándola a países con mano de obra regalada, se neutralizó el movimiento sindical y se están deprimiendo los salarios desde hace décadas para que el capital incremente sus ganancias. Para compensar los bajos salarios, el subempleo y el saqueo de la economía, se estimuló el crédito, que fue la solución a corto plazo para activar la demanda. Las consecuencias de estas maniobras arteras son una crisis brutal, una deuda impagable y los bancos en quiebra.
Esa misma élite que nos ha llevado a la miseria, ha convencido a nuestros mediocres políticos de que la culpa de todo la tiene el Estado del Bienestar, que es insostenible. Las ganancias en la última década han sido más altas que en las tres décadas anteriores, para conseguir estos resultados, el desempleo y el subempleo se han convertido en una forma de vida para millones de trabajadores. Basta con fijarse en la evolución del empleo en España: ha descendido la población activa, el número de parados es alarmante y el escaso empleo que se genera es temporal y a tiempo parcial. El trabajo a tiempo completo, pagado con un sueldo relativamente digno, es una excepción. Ahora los salarios y condiciones laborales son miserables.
Mentiras, especulación, falacias económicas, políticas monetarias fracasadas… La élite mundial ha saqueado a los países. El mundo está enfermo. La medicina neoliberal basada en la inequidad, en unos salarios bajos, con su correspondiente baja demanda y los consiguientes excesos de inversión, están aderezados con unos impuestos bajos o la nula tributación para los evasores corporativos, y el fomento del mayor proceso de acumulación de deuda de la historia. Esta solución resulta sumamente lucrativa para la banca mientras perduran las inflaciones de activos, pero es nefasta para la ciudadanía cuando estallan. Aun así, todos los esfuerzos se dirigen a desmantelar los logros sociales alcanzados con el fin de salvar definitivamente a un sistema bancario quebrado.